Cotidiano

M.E.Yuguero
(M.T.O.P. Exhibition )


La nueva sociedad generada con el modernismo trajo consigo cambios axiológicos fundamentales. Las pautas de vida impuestas al hombre contemporáneo lo vuelven hacia sí mismo y lo asoman al abismo de sus repliegues internos, siendo la ajenidad su cotidiano y la soledad existencial su constante.
La ícono visual es la forma más auténtica de representación del zeitgeist de nuestros días. Un universo de contradicciones irresolubles, testimonio de una época en crisis, enfrenta al artista con la imagen de su propia ambigüedad. La trivialidad de la vida cotidiana y los sueños ocultos emergen en el planteo estético impregnado de un fuerte componente hedonista: espontaneidad compulsiva en la expresión de obsesiones. El hombre gregario aristotélico y el sujeto orteguiano parado en su aquí y ahora proyectan al artista a la hostilidad del mundo, como víctima y relator de su propia inadecuación.
El lirismo dramático de Walter Aiello sigue los ritmos de su inestabilidad interior. Un hombre discreto, un artista trágico, eventualmente un comediante. Siempre obsesivo. Poco dispuesto a exhibir sus obras, tal vez por temor al escarnio de su propia esencia despojada.
Una propuesta pictórica que juega a la develación metafórica de sí mismo: el yo emerge del entretejido lineal como un bajo continuo. La figura humana central de un corifeo y sus circunstancias elaboradas en múltiples figuras que se distribuyen abigarradas sobre el plano, como elementos humanos integrados a un coro de resonancias inquietantes.
Un expresionismo abstractizante no impide la presencia de ese personaje anónimo y homónimo al artista planteado en formas tendientes a la ortogonalidad o a la organicidad. siempre integradas a grafismos, texturas y ritmos que se dinamizan enérgicos en torbellinos. Un empuje vital, tal vez de rebeldía, recorre las obras estremecidas en su elegía de colores bajos, agrisados, marrones y negros, si bien a las veces resuenan los destellos de un toque rojo, como el timbre brillante de una nota pasional o las resonancias de una melodía de fondo ejecutada en tono rosa.
Sus espacios se ciñen al continente de marcos que no son tales: estructuras que no demarcan, no limitan al espacio visual para descontextualizarlo, sino que continentan a la obra, la acotan como a la definición de una instancia de sí mismo, pintura de un yo momentáneo. Sus cajas se integran a las obras cercando la expansión del hombre-artista, aprisionando a las figuras y a sus aconteceres histórico-personales. Pequeños relatos fugaces, pero seriados sobre el hilo conductor de un protagonista a pesar de sí mismo.
La obra de arte como espacio reflexivo de las discontinuidades de la existencia y forma especular de la expresión individual podría implicar un facilismo justificado en una imagen acrítica y autocomplaciente. En los desbordes de la desmesura acechan los peligros del abastardamiento. Sin embargo, Aiello se dice en un estilo no concesivo, las formas se aceleran o se enlentecen siguiendo las evoluciones de frases que construyen textos introspectivos: sintaxis vigilada y prosodia subjetiva. Las valorizaciones se ciñen a composición; las voces se entrecruzan sin cacofonías en busca de ajustadas melodías, significantes pero no contigentes, libres pero no aleatorias, dramáticamente bellas, pero no condescendientes.
Escuchemos al artista hablar de sí mismo, puesto que no hará sino hablar de nosotros mismos, individuos anónimos, fantasiosos vivenciadores de nuestra cotidianeidad como única y diferente.